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Verdugo, juez, víctima y público

30 ago
4 min de lectura

La democratización de la Caja China

Multitud vestida con ropa renacentista reunida alrededor de una plataforma en una antigua plaza europea, mientras un hombre con vestimenta contemporánea graba la escena con su teléfono celular, contrastando el espectáculo público del pasado con la forma actual de observarlo y difundirlo.

Antes de entrar a la reflexión de esta semana, te debo una disculpa. La semana pasada no la publiqué porque me fui con mi esposa y mi hijo a una boda a Cancún. Y aunque tenía como hacer la publicación desde que tome el avión de salida decidí desconectarme totalmente de lo laboral. Así que te pido sinceramente una disculpa por no haber avisado con tiempo la ausencia de la Reflexión semanal y aprovecho para comentarte que decidí pasar de forma más esporádica los episodios de las Reflexiones de un Cuarentón en Audio. Seguiré compartiendo algunas reflexiones, pero ahora serán solo por solicitud de quienes me leen y comparten.


Antes de salir de viaje había un tema en distintos medios y redes sociales, lo de “Framear Aura” pensé que pasaría igual de rápido como el tema de los Therians, pero resulta que todavía este fin de semana seguía dando nota, incluso de forma internacional. Así que hice lo que muchos hemos hecho… me puse a perder tiempo investigando que diablos es eso de “Farmear Aura”.Después de ver algunos videos llegue a una honesta conclusión, de que no le entiendo. Pero el hecho de que no lo entienda no me permite decir que es una estupidez; porque si somos objetivos, está generando un efecto muy interesante, la democratización de la “Caja China”.


La verdad no se porque le llamamos a ese efecto Caja China, pero si podemos decir que la manipulación de la percepción es antiguo. El caso más viejo que tu servidor conoce tiene al menos unos 500 años.


En los tiempos convulsos del Papa Alejandro VI, la región de la Romaña era una zona complicada. Y para controlar la región, el hijo del papa (mi tocayo) César Borgia asignó a Ramiro d’Orco para controlar la región, a quien le permitió la mano dura, llegando a una crueldad desproporcionada. Tiempo después, cuando esa brutalidad ya había cumplido su función y el resentimiento popular estaba concentrado en Ramiro, Borgia se deshizo de él de manera espectacular.  El cuerpo de Ramiro apareció ejecutado y partido en dos en la plaza de Cesena.


De forma grotesca pero efectiva manipulo la percepción de toda una región. Borgia no ocultó la violencia. Hizo exactamente lo contrario: puso una violencia todavía más grotesca en el centro de la plaza para que todos la vieran. La atención no fue desviada fuera del problema. Fue concentrada sobre una representación conveniente del problema.


No se si fue el primero en diseñar este tipo de situaciones pero si se que este episodio dio material a Maquiavelo para complementar la obra que hoy conocemos como El Príncipe.


Las técnicas han cambiado pero el objetivo sigue siendo el mismo. Manipular la percepción del publico.


No quiero sonar paranoico, pero ejemplos sobran. Hace un par de años, mientras en la Cámara de Diputados se aprobaban reformas a la ley judicial, la población estaba distraída con la salida de Adrián Marcelo de un “reality show”. Diez años antes, la distracción se produjo con la captura del Chapo; que se llevó el foco de atención dejando en segundo plano las reformas de energía, competencia, transparencia y telecomunicaciones.


O el caso Paulette, que explotó mediáticamente justo cuando había una agenda legislativa bastante pesada. Por qué justo en esos días estaban en discusión una reforma política, una reforma laboral, y la Ley de Seguridad Nacional y ley antisecuestro.


Éste último caso, Luis Estrada lo llevaría a la pantalla grande con “La dictadura perfecta” como una crítica a un sistema que fabricaba distracciones. Sin embargo hoy las distracciones ya no necesariamente son fabricadas por el gobierno. Vaya ni siquiera tienen que esperar una oportunidad como una fuga de un capo para aprovechar la distracción, mi gober fosfo-fosfo por ejemplo, no fabricó ninguna distracción con su “modo party” ni tampoco al pedirles aportaciones “voluntarias” a los empresarios con garantía de qué con este “ apoyo” puedan tener un trato preferencial por parte del gobierno estatal y evitar sus posibles revisiones por las diferentes instancias gubernamentales. A pesar de la polémica, ha mostrado que ya aprendió lo que realmente deben dominar los políticos: mantener la conversación girando alrededor de su agenda.


Y por eso me parece interesante que ahora parece ser que el mecanismo ha cobrado vida propia pero ahora la atención de “Farmear Aura”.


Borgia necesitó poder absoluto para manipular la percepción de una región entera. Un plan. Un ejecutor. Un cuerpo partido en dos, expuesto en la plaza de Cesena para que todos lo vieran.


Siglos después, controlar la conversación exigía periódicos, estaciones de radio o canales de televisión capaces de decidir qué merecía una portada y qué podía quedarse escondido unas páginas atrás.


Hoy, cualquiera con un teléfono logra el mismo efecto. Sin plan. Sin poder. Sin siquiera saber que lo está haciendo.


La plaza ya no necesita un Borgia.


Yo fui prueba de eso. Volvía de Cancún y terminé perdiendo parte de mi fin de semana investigando “Farmear Aura” sin entender bien por qué y termine escribiendo del mismo fenómeno que estoy criticando. Nadie me obligó a mirar. Me ofrecí solo, como verdugo, juez, víctima y público al mismo tiempo.


No sé si eso vuelve al mecanismo más peligroso o simplemente más difícil de señalar con el dedo. Cuando la manipulación ya no tiene autor, tampoco tiene a quién culpar.


¡Hasta la próxima!

Muchas de las decisiones que tomamos no dependen de cuánta información tenemos, sino del criterio con el que decidimos a qué prestarle atención. De eso hablo en mi libro Habilidades Híbridas, hoy la tecnología le da a cualquiera el alcance que antes solo tenía un Borgia, pero a nadie le regala el criterio para usarlo. Ese criterio sigue siendo terreno humano.

 
 
 

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