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La cizalla educada

  • 14 jun
  • 4 min de lectura

Intervenir sin entender también tiene consecuencias; aunque venga con emojis 🤪



Cizalla industrial roja con empuñaduras en colores pastel y pegatinas de emojis sonrientes, colocada sobre una mesa elegante de sala de juntas.

Todos sabemos usar un control remoto, pero realmente muy pocas personas saben cómo funciona. Vaya hay quienes usan la violencia cuando la TV no cambia de canal, aprietan los botones como si intentaran ahorcar al aparato y hay quien incluso lo golpea para que obedezca sus instrucciones.


Y aunque no lo parezca muchas veces hacemos lo mismo en las empresas, sin el tema de la violencia pero con la misma lógica detrás. Sobre todo al momento de enfrentar procesos que no entendemos. Hace varios kilos escuché una frase que me tardé varias canas en entender: “No quites una cerca hasta que sepas por qué fue puesta”.


No estoy defendiendo el “Es que siempre se ha hecho así”. Esa frase tiende a proteger más a la mediocridad que a la tradición.


Pero tampoco es funcional llegar con actitud de “vamos a simplificarlo todo” y empezamos a quitar controles, firmas, juntas, formatos, verificaciones o pasos del proceso porque “estorban”. A veces sí estorban. Pero otras veces están ahí porque alguien, en algún momento, pagó caro un error.


No toda cerca es burocracia. A veces es una cicatriz.


Por lo que cambiar cosas que no entiendes puede ser contraproducente. Y a veces lo hacemos con cortesía. Y creo que tú también has visto esa situación…


Una persona observa una parte del trabajo, detecta algo que desde fuera parece más simple, y propone moverlo. Se puede notar el genuino deseo de ayudar. Se ven las buenas intenciones. Pero las buenas intenciones solas no bastan. Incluso a veces dañan.


Estamos normalizando una forma muy educada de intervenir el trabajo ajeno. Llega vestida de sugerencia, con emojis, con tono amable, con “solo una idea” al inicio para que no parezca imposición. Pero el efecto puede ser el mismo: mover piezas sin entender qué sostenían.


Hace varios meses me invitaron a impartir un curso de “Desarrollo de Entrenadores” enfocado en supervisores. Acepté con gusto, preparé el temario y ajusté las sesiones de acuerdo al cronograma que me habían solicitado. Hasta ahí, todo bien.


Siendo completamente honesto, el diseño del curso no es mío; desconozco su autoría. Pero su estructura abre con el modelo, después provoca preguntas, lleva al grupo a casos prácticos y luego integra ejercicios relacionados con sus actividades de trabajo, para regresar al planteamiento inicial y permitir que los participantes evalúen por sí mismos cómo había cambiado su criterio.


Pero un día antes de la primera sesión, cerca de las seis de la tarde, llegó un mensaje:


Sobre el temario para la primera sesión 🤔”


Sugiero cerrar con las primeras 3 diapositivas ⏪”


Considero que, después de conocer los casos prácticos, les resultará más sencillo identificar el modelo 🎯”


“Cómo ven Team🙃?”


Y ahí apareció la cizalla. Así le decimos en Regiolandia a esas pinzas capaces de cortar los alambres de una cerca. Y aunque el mensaje venía con emojis, buena intención y tono colaborativo, la sensación fue exactamente esa: alguien ya traía la herramienta en la mano antes de preguntar por qué estaba puesta la cerca.


Aprovechando la honestidad, aclaro que no estoy en contra de que se propongan cambios; sería hipócrita Literalmente a eso me dedico. Para poner el pan y la sal en la mesa de mi hogar me la paso revisando procesos, cuestionando hábitos, identificando desperdicios ocultos, señalando riesgos y rediseñando rutinas. Pero no lo hago desde un púlpito o una torre de marfil, sino desde donde se llevan las operaciones, haciendo preguntas que muchas veces quien me contrata lleva tiempo esquivando.


Así que no, no estoy en contra de mover cercas. Me quedaría sin negocio.


Y confieso que la primera vez que vi ese temario se me hacía redundante su estructura. Pero en lugar de proponer desde mi ego de ingeniero, hice preguntas como principiante… muchas preguntas. Y logré captar la intención de aprendizaje.


La secuencia no estaba diseñada para que el instructor luciera ordenado; estaba diseñada para que los participantes se dieran cuenta de algo por sí mismos. No buscaba solo transmitir información, buscaba mover criterio… Y eso cambia todo.


Porque una cosa es enseñar un concepto y otra muy distinta es provocar que alguien lo reconozca en su propio trabajo. En la primera, el instructor habla y el grupo toma nota. En la segunda, el grupo empieza a ver su operación con otros ojos. Y esa diferencia no siempre se nota en el temario.


Desde fuera, parecía repetición. Pero si lo analizas detenidamente, te das cuenta de que es intención. Y esto no pasa solo con un curso, una presentación o un temario. Pasa todos los días en las empresas.


A poco no te has topado con procesos que te hacen pensar “esto retrasa”, incluso es común escuchar “esta junta quita tiempo”, o casos donde lo primero que pensamos es algo como “esto se puede simplificar”. Y a veces es cierto.


Hay firmas que ya no protegen nada. Juntas que se volvieron teatro. Formatos que nadie lee. Controles que existen solo para que alguien pueda decir “yo sí avisé”. Cercas viejas, oxidadas, inútiles, sostenidas por la frase más peligrosa de cualquier organización: “así se ha hecho siempre”.


Pero otras veces no.


Otras veces esa firma evita una compra mal autorizada. Esa junta diaria es el único momento donde producción, calidad y mantenimiento se enteran del mismo problema al mismo tiempo. Ese formato aparentemente largo contiene la pista de una falla recurrente. Esa capacitación repetitiva no busca llenar tiempo, sino hacer que alguien descubra algo que no descubriría si solo se lo explicaran.


No se trata de cambiar las cosas por amor al cambio. Porque cuando no entiendes la función de una cerca, puedes confundir memoria con burocracia, protección con estorbo, aprendizaje con repetición y experiencia con resistencia.

La próxima vez que quieras sugerir un cambio en el trabajo de alguien más, detente un momento. Y reflexiona si ya entendiste qué función cumple eso que quieres mover.


Porque todos hemos estado de los dos lados. A veces somos quienes diseñamos la cerca y nos molesta que alguien llegue a cortarla sin preguntar. Pero otras veces somos nosotros quienes entramos con la cizalla en la mano, convencidos de que estamos ayudando, cuando en realidad apenas vimos una parte del terreno.


¡Hasta la próxima!

Este es el tipo de situaciones que exploro en Habilidades Híbridas. Los momentos donde la experiencia y el criterio hacen la diferencia.


Disponible en HabilidadesHibridas.com y en Amazon, donde está entre los más vendidos en Comportamiento Organizacional y Comunicación Empresarial.

 
 
 

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