Astucia no es capacidad.
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Actualizado: hace 4 días
Lo que la barrera del quinto partido también explica de nuestras empresas.

Si tienes tiempo leyendo las Reflexiones de un Cuarentón, habrás notado que es muy raro que hable de deportes; con algunas excepciones mencionando a mis Sultanes.
La verdad es que el futbol a mí no me quita el sueño; eso en Regiolandia me convierte en algo así como un bicho medio raro, porque puedo pasar meses sin enterarme si jugaron Tigres o Rayados. Mi gusto por el futbol revive cada cuatro años, y honestamente tiene más que ver con identidad que con afición deportiva.
El primer juego de la selección en este mundial lo fui a ver al Fan Fest con mi esposa e hijo, no fui como analista, ni como aficionado aguerrido, ni como uno de esos directores técnicos de sala que descubren tarde su vocación mundialista. Fui porque estaba consciente que este momento donde mi hijo tiene 6 años y se vive un mundial en México es un momento que no se volverá a repetir.
La intención de ir al tumulto era para crear recuerdos, tanto así que tuvimos la fortuna que mi esposa grabara el momento donde estaba cargando a mi hijo a hombros y salimos en la pantalla grande del evento. Confiezo que ha sido el Reel de Instagram con más likes que he recibido de gente que no conozco. Supongo que eso también dice algo sobre el poder de la emoción colectiva.
Ese primer juego fue una experiencia inolvidable, fue la primera vez que mi hijo sintió lo que es cantar el himno nacional fuera de la escuela, pero esta vez acompañado de miles de personas, obviamente fue aún más impresionante cuando al finalizar pasaron tres aviones dejando estelas de humo con los colores de la bandera… fue espectacular.
El egregor que se formó con los dos goles de aquel juego hacía que la piel se pusiera chinita… estuvo genial.
Por temas de trabajo el segundo partido lo vimos en casa, y después de lo que vimos en las noticias, creo que fue lo más prudente.
Estar en casa me permitió ponerle más atención al juego. No desde la pasión del aficionado, sino desde perspectiva que me da de comer, esa de quien termina viendo sistemas, decisiones, errores, reacciones y consecuencias incluso en una cancha de futbol.
Y sin demeritar el esfuerzo de la selección, en el segundo juego me quedé con la sensación que la victoria llegó por mexicanadas.No lo digo como burla. Lo digo como síntoma.
Seamos honestos, pocos tienen la capacidad de competir bajo esa presión. Desde la comodidad del sillón todos somos estrategas, directores técnicos y auditores de desempeño con repetición instantánea. Así que no va por ahí.
Mi punto no es si jugaron bien o mal, sería la última persona en dar ese tipo de opinión. Mi punto es que no vemos que la victoria llegó por rescate, terquedad y oportunidad, y no por dominio del rival.
La salvada de Raúl Rangel donde intervinieron Johan Vásquez y Jesús Gallardo, se convirtió en una fábrica de memes. De los cuales vemos que de broma en broma deja ver nuestra creencias. Él destino había marcado que el gol coreano no debía entrar; tanto así que recibimos asistencia divina. Como si alguien allá arriba también trajera puesta la verde.
Luego vino el gol de Luis Romo, nacido de una combinación muy nuestra. Un error ajeno mezclado con astucia propia y terquedad para seguir la jugada aunque el balón ya estaba en manos del portero coreano. Fue el típico “tú dale y luego vemos qué pasa” en versión mundialista.
Y aquí es donde el futbol deja de ser futbol. Porque en muchas empresas pasa exactamente lo mismo.
El resultado se salva, pero no siempre por sistema. Se salva porque alguien se queda tarde, porque alguien conoce la maña, porque alguien le habla al proveedor de confianza, porque alguien encuentra una salida cuando el proceso ya no alcanzó.
Eso tiene mérito. Mucho.
La mexicanada, bien entendida, no es flojera ni torpeza. Es inteligencia práctica bajo presión. Es leer el momento, empujar una jugada que parecía perdida y aprovechar una oportunidad que quizá no estaba en el plan.
Pero cuando esa inteligencia práctica se vuelve el modelo de gestión ya pierde el mérito. Porque una cosa es salvar un balón en la línea. Otra muy distinta es no preguntarse por qué el balón llegó hasta ahí.
En una pyme, esa diferencia es enorme. Si una entrega salió porque alguien corrió más de lo razonable, conviene agradecerlo, pero también revisar qué falló en la planeación.
Si un cliente se salvó porque alguien hizo llamadas de emergencia, conviene reconocerlo, pero también preguntarse por qué el seguimiento dependía de una persona.
Si una máquina volvió a operar porque el técnico “le sabe”, conviene valorar la experiencia, pero también preguntarse cuánto riesgo se está escondiendo detrás de esa experiencia.
La astucia puede ganar una jugada. Pero eso explica también porque existe "la barrera" del quinto juego.
Y muchas empresas mexicanas viven igual, celebrando rescates como si fueran capacidad instalada. Llamando compromiso a lo que en realidad es fragilidad. Confundiendo empuje con sistema.
No se trata de perder esa capacidad de resolver. Sería absurdo. En un país donde muchas pymes han crecido con poco margen, presión constante y demasiada incertidumbre, esa habilidad ha sido una forma de supervivencia. Pero sobrevivir no es lo mismo que competir.
Competir exige convertir la astucia en aprendizaje, el rescate en proceso y la terquedad en capacidad repetible.
Mi hijo tiene seis años. No sabe todavía qué es un proceso, ni un estándar, ni una capacidad instalada. Solo sabe que ese día cantó el himno a gritos, que el primer juego donde vio a la selección jugar un mundial ganó México y que papá lo cargó en hombros.
Ojalá cuando le toque dirigir algo (una empresa, un equipo, lo que sea) haya aprendido que la mexicanada es un punto de partida, no un modelo de negocio. Que la astucia se hereda, pero el sistema se construye.
Y que se puede tener las dos cosas.
Y de corazón, espero que en este mundial, la selección nacional logre aprender de cada jugada y de cada partido para que en equipo logren romper el mito del quinto partido y sorprenda al mundo.
¡Hasta la próxima!
Si esta reflexión te hizo pensar en una empresa que vive apagando incendios y llamándole compromiso, compártela. Y si quieres profundizar en cómo convertir astucia en sistema, Habilidades Híbridas está disponible en Amazon y en habilidadeshibridas.com/libro




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