Nómina atorada en el tráfico
- 29 mar
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No es RRHH, es la ciudad
El año pasado estuve trabajando con un cliente para identificar procesos con mucha oportunidad de estandarización. El enfoque original estaba en la parte productiva, pero al iniciar el diagnóstico no tardé en darme cuenta de que varios cuellos de botella no nacían en las máquinas, sino en decisiones que parecían administrativas.
En una ocasión, habían prometido entregar unas piezas a mediodía. Salieron hasta el final del día. Lo primero que pensé fue que habían calculado mal el tiempo de maquinado. No fue así. El problema fue que el operador de CNC pasó toda la mañana revisando diferencias en su nómina.
Al indagar un poco más, encontré un proceso innecesariamente enredado alrededor del bono de puntualidad y asistencia. En teoría, era un incentivo. En la práctica, era una fuente constante de confusión.
La empresa daba una tolerancia de 30 minutos de retraso, que el trabajador tenía que reponer a la salida. Esa tolerancia no podía ocurrir más de tres veces. Además, las faltas y permisos se manejaban con criterios ambiguos. Si alguien avisaba y el supervisor no respondía, en teoría contaba como falta. El problema es que a veces el supervisor no contestaba porque estaba en otra planta donde ni siquiera le permitían entrar con celular.
A eso había que sumar que la nómina se calculaba con una semana de desfase, revisando registros casi ilegibles en hojas de papel y un par de archivos de Excel.
Al ver este caso encontré que era una práctica común. Se podría decir que cada semana a alguien le faltaba dinero y se tenía que hacer estas revisiones. Cosa rara, nadie nunca se había quejado de que le hubieran pagado más de lo debido.
Platicando con el dueño de la pyme, aceptó que era un problema que él mismo había creado, me comentó que antes las reglas para el bono de puntualidad y asistencia eran más rígidas. Pero que desde el 2024 notó que el transporte público ya no daba abasto y la gente empezó a llegar tarde y como ya no recibían ese bono empezaron a renunciar; por lo que fue relajando las condiciones como contención.
Al final, terminó saliendo más caro el caldo que las albóndigas, hoy la bronca está mucho mas complicada, dice que han contratado personas que de traslado hacen más de dos horas, las consideraciones de permisos están en manos de los supervisores a quienes exige resultados y ellos a su vez piden aun más flexibilidad creando un círculo vicioso extraño.
El detalle es que, como en muchas pymes la empresa llevaba tiempo intentando corregir con reglas internas los efectos de una ciudad cada vez más trastocada. Porque en Regiolandia, como en muchas ciudades del país, el tráfico además de ser una molestia cotidiana, se volvió también una variable operativa.

A un sistema de transporte rebasado, con obras publicas que colapsan las principales vías, no es novedad que con un accidente, un partido, o un festival se trastorne todo, que afecta directamente la puntualidad, las entregas, la energía, la atención y hasta la permanencia del personal.
Y esa es la realidad con la que tienen que improvisar las pymes; la bronca es que, con las soluciones parche terminan absorbiendo dentro de sus procesos las fallas estructurales de la ciudad. Pero lo hacen sin decirlo, sin medirlo y sin rediseñar nada. Entonces el problema externo termina convertido en confusión interna.
Y no, no estoy diciendo que la empresa tenga la culpa de todo. Tampoco que pueda resolver por sí sola el transporte público, los eventos masivos, las obras mal coordinadas o el caos vial. Pero seguir ignorando esa realidad es una decisión, aunque no lo queramos admitir.
Porque una cosa es aceptar que el entorno cambió. Otra muy distinta es seguir administrando ese cambio con reglas hechas para una ciudad que ya no existe. Y no es necesario un diagnóstico muy avanzado para darnos cuenta.
Si media plantilla vive trayectos brutales, eso no es un detalle privado. Es parte del sistema con el que tu empresa intenta operar. Además siempre queremos compensar problemas estructurales con excepciones ambiguas. Por eso no basta con intentar mejorar procesos, medir desperdicios, ajustar tiempos, controlar variaciones.
Porque puedes tener un proceso bien diseñado en planta y aun así perder capacidad por una ciudad mal resuelta afuera. Puedes exigir puntualidad con toda la seriedad del mundo y seguir ignorando que buena parte del desgaste empieza antes del primer registro de entrada. Puedes hablar de cultura, compromiso y disciplina, mientras tu operación depende de personas que ya llegan cansadas antes de empezar.
Durante mucho tiempo muchas empresas actuaron como si la vida empezara al registrar la entrada; pero no es así. Y si además a eso le agregamos ambigüedad en la forma de obtener bonos, tolerancias mal entendidas y que ademas están sujetas a la discreción de quienes están saturados, estamos agravando un problema que ya nos acostumbramos y lo aceptamos como parte de la operación.
No se trata de que una pyme resuelva el transporte público, el caos vial o los eventos masivos. No puede. Pero sí puede dejar de fingir que todo eso no forma parte de su operación. Principalmente en su proceso de contratación.
No toda vacante cubierta es una vacante bien resuelta. A veces el perfil técnico embona, el sueldo parece razonable y la urgencia por contratar hace pensar que el problema quedó atrás. Pero semanas después llega la factura real en forma de retardos, agotamiento, ausentismo, rotación o una energía tan baja que luego se confunde con falta de compromiso.
¡Hasta la próxima!
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Tal vez ayude a ponerle nombre a un problema que ya estaba ahí, pero no le estábamos poniendo suficiente atención.




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