El país de las Hidras
- César González
- 1 mar
- 3 Min. de lectura
Cortar cabezas no cambia el sistema; una lección para la gobernanza.
El pasado 22 de febrero de este 2026 en el país se sintió como un viaje en el tiempo. Parecía que habíamos viajado al 2009, bloqueos en carreteras por soldados en tenis, balaceras simultaneas en distintas partes del país, vehículos y comercios incendiados y una psicosis colectiva hirviendo en los grupos de WhatsApp y redes sociales.
Además de los impactos psicosociales y de inseguridad que se generaron en la población hubo un golpe en la economía nacional, según la Concanaco cerca de un millón de negocios fueron afectados solamente ese día, con perdidas que hacienden a los 2 mil mdp.
Tristemente es el costo compartido de cortar una cabeza de ese monstruo que es el crimen organizado, sin embargo es más lamentable que no aprendamos el patrón. La historia es tan amplia que hasta la mitología griega nos alcanza.
Entre esos mitos hay uno que se ajusta por que se trata de un personaje que se enfrenta a monstruos; Hércules no sale a buscar estas criaturas por gusto. Está pagando una culpa. Tras ser enloquecido por Hera y cometer una tragedia, busca expiarla: el oráculo de Delfos le ordena servir doce años al rey Euristeo. Euristeo, que lo teme y lo detesta, le encarga doce trabajos imposibles con una intención simple: quebrarlo.
El primero fue el León de Nemea: fuerza, resistencia, confrontación directa. Pero el segundo era distinto. El segundo era la clase de problema donde pegar más fuerte lo empeora todo.
Este monstruo era algo así como una serpiente de varias cabezas y al inicio nuestro “héroe” se pone a chambear siguiendo la misma lógica: usar la fuerza bruta. Y se pone a cortar cabezas. Pronto descubre que tiene un problema. De cada cabeza que cortaba brotaban otras dos… La Hidra no era un enemigo fuerte. Era un enemigo diseñado para regenerarse.
Para hacer el cuento corto: no se vencía con potencia, sino con método. Después de cada corte había que cauterizar la herida para impedir que creciera de nuevo. Si no atacabas el mecanismo, el problema se multiplicaba.
Este cuento es un reflejo de lo que se ha vivido en nuestro país, y no es reciente. Tiene ya décadas.
La primera cabeza de la hidra que se cortó se llamaba Miguel Ángel Felix Gallardo (“El
Padrino”), el evento hasta tiene su serie en Netflix con una gran interpretación de Diego Luna en el papel de Miguel.

El problema es que con ese corte no solo salieron mas cabezas, sino que como no siguieron atacando a la criatura se provocó un problema mayor, como si cada cabeza nueva, una vez que toma las primeras bocanadas de aire se separa de la hidra original. Y así creando una hidra completamente nueva, y al parecer más peligrosa que la original.
Por que se decía que “el señor de los cielos” había sido mas poderoso que el padrino, después que “el Chapo” había acumulado más poder, después “el Mayo”, hoy el ranking lo logró “el Mencho”… y la narrativa pública siempre presenta la caída de un capo como el final de una era. Pero la realidad es que estamos en un sistema que produce líderes cada vez mas peligrosos.
Y paradójicamente en las pymes se vive completamente a la inversa. Mientras el crimen organizado produce líderes cada vez más grandes por ausencia de gobernanza, muchas pymes dependen de líderes cada vez más concentrados por ausencia de sistema.
Cuando cae un “capo” interno (el gerente que controlaba todo, el socio dominante, el director que tomaba todas las decisiones) la empresa no necesariamente mejora. Se fragmenta.
Y si no hay rediseño estructural, emergen nuevas cabezas: El de ventas que monopoliza información. El de operaciones que controla tiempos. El financiero que bloquea decisiones.
Y no estoy diciendo en que se conviertan en malas personas; al contrario. Cada uno tiene sus razones, sus procesos y justificaciones. Pero al no existir un sistema en común se crean estas divisiones.
Cuando no existe un marco común de reglas, métricas y rendición de cuentas, cada área construye su propio mini–reino. Y ahí es donde la metáfora deja de ser literatura.
Los efectos colaterales de la lucha contra el crimen organizado muchas veces se salen de las manos de quien dirige una pyme. Eso es verdad.
Pero no es excusa para no construir un sistema que aguante golpes: continuidad operativa, comunicación interna, decisiones claras, roles definidos, protocolos mínimos. Porque cuando el entorno se incendia, la improvisación cobra caro.
¡Hasta la próxima!
Opinar sobre cómo se gobierna un país es sencillo.
Gobernar una empresa sin depender de capos internos es otra historia.
Si este tema te toca de cerca, conversemos.




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